miércoles, marzo 01, 2017

La tiranía del exilio y la ocupación foránea

Mis años de exilio en Argelia, trabajando en la Radio Nacional Saharaui en los Campamentos de Tinduf, 1999
Fuente: BahiaAwah.net
La condición y consecuencias del exilio desde las circunstancias personales, pensando en mi caso como oriundo del Sahara Occidental, se viven y se sienten no solamente por el hecho del destierro del lugar de origen o del pueblo natal. Estas dos categorías, condición y consecuencias del exilio, son producto del desenlace forzoso y que el desterrado va experimentando más allá de su dimensión humana. El exilio yo lo he sentido con perplejidad en mis primeros años de adolescencia y ahora lo siento como un doloroso desgarro que me priva armar y actualizar constantemente mi cerebro con pequeñas cosas sencillas de la cotidianeidad cultural y social. Priva de observar, tocar, sentir, disfrutar y reflexionar sobre la metamorfosis social en sus pequeños detalles que vamos experimentando, desde el calor y educación de la familia a lo que uno va absorbiendo y aprendiendo de progresos en su mundo social y cultural.
Ahora, en mi caso y creo que en el de la generación que compartió conmigo los últimos cinco años del periodo colonial español y luego los 42 años de exilio, aún sentimos un enorme hueco en nuestras almas que antes rebosaban de muchas cosas de la tierra, desde giros lingüísticos, nombres de personajes de nuestra historia, leyendas literarias, gestas y epopeyas del proceso precolonial de los gazi[1] que protagonizaron nuestros abuelos y bisabuelos. Hoy, la esencia original de los registros diarios que hablamos no es como antes.
Los profundos indicios de la historia que ocupaba nuestro mundo hasaní beduino, el exilio y el conflicto los han ido erosionando y salpicando de impudicias y nocivos residuos de la cultura de la ocupación. Hasta incluso la distorsión fonética de la lengua que van sufriendo las nuevas generaciones sometidas bajo las reglas de imposición educativa del doble tirano, el exilio y el ocupante agresor. Entonces, sin descolonizar la mente y educación usurpadas, nunca nos libraremos de las consecuencias de la tiranía del exilio y la ocupación foránea...
Desde el exilio aún te escribo versos.
Pero Tiris tú eres
la beduina
que alimenta
mi existencia,
la fuente de mis sueños,
gurratu aini[2] .
Te prometo
que por esta ciudad
no te dejaré.
Por ahora,
mi exilio está en la hermosa
Madrid
y mi vuelta está en ti,
Oh Tiris, mi gurratu aini.
Sin embargo, vamos a buscar el lado bueno en los infortunios del exilio, el destierro y el refugio. Se trata de esa dinamización constante, crítica, reflexiva y de compromiso intelectual individual, que consagramos y con la que nos armamos para recuperar el espacio humano, cultural y de pensamiento que nos han truncado.
Pensando en las preeminencias de esta categoría “exilio” se produjo el pensamiento del gandhismo en la Sudáfrica del Apartheid, el pensamiento crítico del orientalismo de Edward Said en los Estados Unidos. Y ahora en sus cimientos los primeros brotes del surgimiento de  una literatura saharaui de exilio escrita en español y en hasania se rearman como frente de lucha de resistencia pacífica contra la tiranía del exilio y la ocupación foránea que padece una parte de nuestro pueblo. Con estas excepciones hemos despertado la atención de muchos antropólogos y lingüísticas del mundo académico e hispano en general. 
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[1] Guerreros anticoloniales saharauis que representaban el brazo armado y de ley del Estado Pantribal Precolonial Saharaui, Dawlatu Albadia y su asamblea política Eid Arbaiin.
[2] La niña de mis ojos, lo más querido y apreciado, las gotas que humedecen los ojos en el sentido de llorar o reír por amor.
Imagen de aquellos años setenta inicio de nuestro largo exilio